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¿Sabías que uno de los primeros cómic de Superman se ha subastado por casi un millón de dólares?

El ejemplar, impreso en 1938, es uno de los cien que actualmente se conservan, y pertenecía a un coleccionista que lo compró en los años 90 por 26.000 dólares.

Fuente y más información.

Ya os habíamos hablado de un perfume con olor a biblioteca, y de un aerosol con olor a libros. Pues en esta ocasión os queremos hablar sobre una vela con olor a libro, un regalo perfecto para aquellos amantes de los libros que prefieran el papel al electrónico por el olor… para que no tengan excusas y puedan leer ya en los dos formatos.

Podéis adquirirlas por 16$ en Etsy, y además elegir entre velas con olor a libro antiguo, a librería, a depósito de libros o a Biblioteca de Oxford.

 

Koombook

Fuente: dosdoce.com

Koombook es una pequeña biblioteca digital portátil y autónoma. Consiste en un pequeño dispositivo en forma de caja que pesa menos de un kilo, incluye una gran cantidad de cursos online (proporcionados por la Khan Academy), libros digitales, la Wikipedia, vídeos y otros recursos educativos y culturales multimedia a los que se puede acceder incluso sin necesidad de conexión a Internet, gracias a su interfaz web integrada.

Una manera barata y sencilla con la que acceder a la información. Principalmente útil para aquellos que viven en zonas menos favorecidas y de difícil acceso. Sólo es necesario un Smartphone, portátil, tableta u ordenador. Además, también se puede conectar a un monitor de vídeo, proyector o vídeo para hacer actividades de grupo o dar clases.

Fuente: Dosdoce

Un entretenido crucigrama, que hemos encontrado en la página web de Verbanet, para que podáis hacer mientras estáis en la playa, o la piscina… entre libro y libro. ¿La solución? Mañana en los comentarios.

 

Horizontales:

4. Género considerado como una manifestación de la belleza por medio de la palabra y representado por poemas.
5. Persona que escribe un libro.
7. Persona que lee un libro.
9. Género literario en el que la acción se representa en escenas con diálogo, como la obras de Federico García Lorca.
11. Clase de novela también llamada romántica, que cuenta los asuntos amorosos de personajes que al final casi siempre logran la felicidad, por ejemplo, las novelas de Jane Austen.
14. Género con contenidos que son supuestos logros científicos o técnicos en el futuro, como los libros de Julio Verne. (2 palabras)
17. Grupos o categorías literarias en que podemos clasificar los libros según su contenido.(Plural)
18. Personaje principal de la acción en una obra literaria.
19. Relato extenso y complejo con una trama intensa, como “Cien años de soledad” de Gabriel García Márquez.
20. Clase de novela detectivesca que tiene como tema principal la resolución de un caso, como las protagonizadas por Sherlock Holmes.
21. Obra en prosa en la que un autor reflexiona sobre un tema.

 

Verticales

1. Clase de novela que recrea ambientes de épocas pasadas con personajes reales y/o ficticios como “Yo, el supremo” de Augusto Roa Bastos.
2. Libro en órden alfabético donde se definen palabras de uno o más idiomas.
3. Género donde las situaciones y los personajes son fruto de la imaginación, como “El señor de los anillos” de Tolkien.
6. Género literario que produce una sensación de miedo a través del argumento, como los cuentos de Edgar Allan Poe.
8. Persona o personaje que cuenta el relato.
10. Resumen de los hechos en una obra literaria.
12. Libro que cuenta la historia de la vida de una persona real.
13. Lugar donde se guardan los libros o institución que presta libros.
15. Relato corto, como por ejemplo “El Aleph” de Jorge Luis Borges.
16. Un relato corto protagonizado por animales con una moraleja al final, como “La liebre y la tortuga” de Esopo.
18. Cada una de las hojas de un libro, con derecho y revés, numeradas.

Hace un tiempo ya publicamos un post sobre 23 maneras muy originales de interrumpir tu lectura, queremos ampliar ese post con estos divertidos marcapáginas, que pueden servir para indicar en qué página te has quedado o para …

  • Dar luz

El marcapáginas está impreso en una superficie especial con una tinta que transmite la electricidad. Se puede usar como un marcapáginas normal, pero si doblamos la superficie hacia abajo colocando la pila de botón entre la marca de los extremos marcados, el marcapáginas se iluminará y podremos usarlo como lámpara en sitios oscuros o con poca ilumanición.  Se puede comprar directamente desde la página de Kyouei Design.

Fuente: lapiedasinfo.com

  • Poner una alarma

Para aquellos (entre los que me incluyo) que decimos un capítulo y cuando nos damos cuenta han pasado 3 horas… este marcapáginas te permitirá poner una alarma que te avise de cuando es hora de cerrar el libro e irse a dormir. Se puede adquirir en Barnes&Nobles , hay muchos modelos diferentes.

  • Abanicarte

Un marcapáginas que mientras está leyendo te permite abanicarte, idóneo para el verano, puedes adquirirlo en Aliexpress.

  • Hacer de lupa

Para aquellos libros con la letra un poco más pequeña, hay marcapáginas con lupa incorporada para facilitar las lecturas, además con formas muy originales. Este con forma de cámara de fotos podéis adquirirlo en Curiosity.

  • Con diccionario

Ya sea de español a inglés que podéis adquirir en Curiosity, o sólo en español, que se puede encontrar en Amazon, para esas dudas que surgen en el momento.

Viven solos, sin necesidad de que los leas. Crees que los posees, pero no es verdad. Cuando los cierras, siguen con el sortilegio de sus palabras


Los libros no nos esperan. Su furia incontenible siempre rebasa las ganas de su lector. No son inocentes. Ni podrás domarlos aunque creas que lo haces. No los llevarás en la maleta. Ellos te llevarán a ti. Los libros viven solos, sin necesidad de que los leas. Crees que los posees, pero no es verdad. Y cuando ya no estés, cuando no te asistan las palabras, tus libros quedarán, mirándote callados, desde el verdadero lado de la inmortalidad.

Algunos de los ejemplares de esta librería llevan más tiempo en el planeta que tú, que yo. Y aquí seguirán. Poderosos y necesarios. Quieres que aguarden latentes. Pero no. Nunca son dóciles. Hasta el más ingenuo de los títulos puede alumbrarte con una nueva idea. ¿Y de verdad consideras que ese fragmento del mundo convertido en páginas es un objeto más? No, no lo es.

Por eso cuando los cierras, cuando te das la vuelta y los dejas en la mesilla, los libros siguen con el sortilegio de sus palabras. Las historias no se quedan quietas jamás. Te irás a dormir o al trabajo o la escuela o a buscar el amor. Con la inocencia egocéntrica de que los capítulos no pueden avanzar sin ti. Con el error, tantas veces perpetuado, de que la Literatura necesita un lector. Pero no es así. Porque allá, dentro de sus tapas, en su universo cuadrangular, la vida sigue. Y se enamora mil veces Bovary. Y va sumando indicios el Padre Brown. Y Drácula chupa la sangre de doncellas de las que no has oído hablar. Y se disparan los cañones de la fragata Surprise.

Hay quien sospecha que la única manera de hacer que no avancen es dejar entre sus páginas un marcador. Como una frontera de papel que impide a las tramas seguir cuando no estamos nosotros. Me lo contó un librero que de tan anciano parecía inmortal. Uno que tenía a la vuelta de Corrientes una librería que sonaba como un galeón con todos los mares en sus cuadernas. Decía que por eso nos costaba tanto recuperar el curso cuando no poníamos una señal: no porque perdiéramos la memoria del último párrafo, sino porque de una noche para otra, las palabras habían pasado horas jugando y nunca se volvían a colocar igual. No es nuestra mala cabeza la que borra la última frase; es que la última frase ya no vuelve a estar.

Por supuesto, no creí nada. Mi joven personalidad estaba construida sobre un escepticismo todavía intacto. Era un chaval cuando mi tío me contó aquella historia que parecía una más de sus ensoñaciones. Un delirio de su fe por la literatura. Es la vida, Rodrigo, es la vida, decía. Ya lo comprenderás.

Por alguna razón, nunca hice la prueba. Hasta ahora. Dejé en la mesilla de noche La Odisea sin ningún dique entre sus páginas. Sin marcar. Al despertarme, eufórico, un tanto inquieto, busqué. Y dormía Ulises con una sirena sobre su pecho. Exhausto y feliz. Los mechones de la muchacha enredados en sus dedos de navegante, como solo lo había estado durante mucho tiempo el agua del mar. Cerré el libro asustado. Y dudé si dejar al héroe disfrutar de aquella carne que no tenía que haberle pertenecido o devolverle a su mástil, a su viaje y a su realidad. Y, al final, puse la marca. Unas páginas antes. Como si me hubiera inventado una máquina del tiempo textual.

Durante toda la semana me he dedicado a juguetear. Dejo libros a medio leer y los sepulto en las estanterías, para que vivan sus aventuras en la intimidad. Más allá de la indiscreta mirada del lector. He vuelto a abrir alguno y he encontrado a los personajes despeinados, algunos a medio vestir, con sonrisas que no procedían y complicidades recién estrenadas. Me produce un secreto placer saber que los libros existen más allá de mí. Que no me necesitan. Es un homenaje a mi tío, lector y voyeur.

Tú eres apenas un crío, y como todos los niños crees que el mundo gira para ti. Y que los libros son porque tú los lees. Pero un día comprenderás y recordarás lo que te cuento. Y ahora vete a por Ana Karenina. Vamos a darle a esa pobre infeliz una segunda oportunidad.Le traje la novela y la leyó. Y la dejó sin marcar. Solo años más tarde comprendí aquello que mi tío me contó. Lo que los libros hacen cuando no miramos. Lo que haría cualquiera. Vivir.

Autora: Marta Fernández. Fuente: El País

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Miel y almendras

libro_1354896115Miel y almendras, Maha Akhtar, Roca, 2012.

En el centro de belleza “Cleopatra” se reúnen a diario las mismas clientas. Es una peluquería venida a menos, con mobiliario viejo y usado, con suelos de PVC desgastados y espejos con desconchones. Lo regenta Mouna, una joven casadera de Beirut que sobrevive a duras penas con su suerte y con las pocas ganancias del local.

Amal es su ayudante, algo desdeñosa y poco habladora. Se encarga de lavar cabezas y mantener la peluquería como la patena.

Un buen día, la suerte de Mouna cambia y aparecen en su local nuevas clientas y no unas clientas cualesquiera sino de la más alta sociedad de Beirut: la futura embajadora en Londres “Imaan Sayah”, la ganadora del concurso Miss Líbano “Lailah Hayek” o la regente del restaurante de moda “Nina Charevedrian”, entre otras. Todas mujeres que luchan por tener identidad propia en un país cuya cultura no lo permite.

La vida transcurre para ellas y sus destinos se entrecruzan creando situaciones románticas, conmovedoras y mágicas.

La autora Maha Akhtar nos deja saborear con sus palabras los postres más deliciosos (hechos de miel y almendras) y los paisajes característicos del Líbano. Explica las situaciones políticas del país y sus guerras con sutileza a través de sus personajes. Todo ello ayudado de unos diálogos entretenidos, con mucho ritmo y unas descripciones muy reales.

Lucía Palacios Merino

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