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Archive for the ‘Día(s) del Libro’ Category

Enhorabuena de nuevo a Begoña Aos y Andrea Proenza, ganadoras del concurso #TrasLaHuellaLectora de 2019. Ya disfrutan de los libros que han ganado por demostrar sus dotes detectivescas e interés en el concurso.

La otra ganadora ha sido María Alecha, compañera de la Biblioteca, puesto que ha habido un premio paralelo para el personal bibliotecario para agradecerles toda la ayuda que nos ofrecen.

¡Atentos!, el año que viene amenazamos con volver…

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Las soluciones al concurso eran:

Día 22 de abril:

Diario de una buena vecina de Doris Lessing

Janna y Maudie poco o nada tienen en común, Janna, una mujer madura pero aún atractiva, dedica todos sus esfuerzos a una actividad profesional que en apariencia le permite realizarse& Maudie, una viejecita encorvada por los años y los sacrificios, se mantiene viva gracias al orgullo indomable que a menudo malogra sus relaciones con el mundo. Janna y Maudie se encuentran, inexplicablemente se gustan, y nace así una relación e amistas que descubre el lazo común entre las dos: una ternura secreta, tímida y casi indecible que busca explayarse y que Doris Lessing perfila con palabras justas y bellas, dignas de una gran narradora.

Sinopsis: Lecturalia.

Día 23 de abril:

El guardián entre el centeno de J.D. Salinger

 

Las peripecias del adolescente Holden Cauldfiel en una Nueva York que se recupera de la guerra influyeron en sucesivas generaciones de todo el mundo. En su confesión sincera y sin tapujos, muy lejos de la visión almibarada de la adolescencia que imperó hasta entonces, Holden nos desvela la realidad de un muchacho enfrentado al fracaso escolar, a las rígidas normas de una familia tradicional, a la experiencia de la sexualidad más allá del mero deseo.

Sinopsis: Casa del Libro.

Las ganadoras del concurso han sido Begoña Aos y Andrea Proenza ¡ Enhorabuena! Nos pondremos en contacto con vosotras a través del correo que nos habéis facilitado en los comentarios para haceros entrega del regalo.

Muchas gracias a todos los participantes… y quizás el próximo año puedas ser tú el ganador o ganadora.

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Ver el discurso íntegro de Ida Vitale, ganadora del Premio Cervantes 2018.

Majestades, autoridades, señores y señoras del jurado, señores míos en general que con su presencia me aceptan y agasajan. Debí pensar y escribir lo requerido para una ocasión que habiéndome llegado tarde, realmente me sorprendió: pudieron sobrar Oportunidades de imaginarla, pero muchas cosas obvias y muy poco concebibles requisitos me hubieran llamado a un sensato equilibrio.Pero lo inconcebible llegó en un momento en el que la opacidad del descenso imprime en mi vida una geometría ilógica e imprevistos recaudos. Acepto que el azar o un orden regido por una mágica fusión de benévolos caprichos me han señalado, como en una época, aceptábamos algún suceso generoso, con alguien muy querido que ya no está a mi lado, suponiéndolo —así decíamos— manifestación de un eón bien dispuesto.Ahora seres benévolos y palpables movieron las piezas de un superior ajedrez, situándolas en posición favorable y acá estoy, agradecida, emocionada. Recuerdo mis inquietudes en un camino de montaña alto y estrecho por el que me llevaban en auto a una velocidad que pensaba inadecuada. No era un sueño. Esto, claro, tampoco lo es. Por eso mismo, prefiero ser consciente y agradecer, claro, en español, cosa que, además, es un valor añadido a la felicidad de este instante.Busco una más cómoda aceptación interior de lo nada esperado, ya que suelo ser escéptica o descreo con familiaridad de tantas cosas, pero a la vez tengo una fabulada confianza, sin duda de origen infantil, en los pequeños desajustes con lo racionalmente ordenado, en las coincidencias, sin siquiera razonarlo mucho. Estos días, casual y repentinamente me tocó oír dos veces Pompa y circunstancia, pese a que Elgar no es un músico que integre mi parnaso musical establecido, frecuentado. También, ya de regreso definitivo a Montevideo, ordenando y reordenando la biblioteca, no dejé de detenerme en la sección cervantina, en las diversas ediciones repetidas de don Quijote, conservadas por distintos motivos todas, cuando las reiteraciones de otros autores suelen ser rápidamente corregidas, siempre en busca del espacio que tanta falta me hace.Pero este tema de las coincidencias, casualidades o registros orientados u obsesivos, integran el capitulito poco analizado y compartido, en general reservado, de las manías personales.Los libros que integraron una biblioteca “mía”, forrada y presuntuosamente numerada, eran libros para niños, algunos pronto relegados. En virtud de un proyecto claramente pedagógico, me correspondía limpiar un pequeño librero abierto del escritorio los sábados por la mañana. Mucho de su contenido no estaba en español. Sobre la casa planeaba, no diré la sombra sino la luz de mi abuelo italiano, abogado y culto, que en su viaje desde el Palermo natal hasta el Uruguay había sido acompañado por Homero, en edición bilingüe grecolatina, junto con el espíritu garibaldino que un día yo sentiría presente en la familia, constituyéndose en un héroe casi doméstico.Es, pues, normal que entre mis primeros embelesos en el campo de los libros adultos aparezca Ariosto —cuando ya la imborrable profesora de italiano, me hubiese permitido tantear, por mi cuenta, con abuso del diccionario, sus fantasías gratísimas. Le donne, il cavalier, l’armi, l’amore formaban, ese escenario, para mí novedoso, donde encontraría anillos con poderes, caballos alados, magas que evocan las sombras de futuros descendientes de Bradamante, aquí el hipogrifo, más allá una sirena, luego un mirto que habla y es en realidad Astolfo, paladín de Francia convertido en planta. En fin, que este mundo de transformaciones que a cada paso surgen, irreales, me encanta pero no me prepara ni siquiera para la Galatea.Mi devoción cervantina carece de todo misterio. Mis lecturas del Quijote, con excepción de la determinada por los programas del liceo, fueron libres y tardías. En realidad, supe de él por una gran pileta que, sin duda regalo de España, lucía en el primer patio de mi escuela. Allí nos amontonábamos en el recreo en busca de agua, y día tras día, me familiarizaba con las relucientes baldositas que contaban, sobre inolvidables cielos azules, la policroma historia que, según supe luego, era la de aquellos desparejos jinetes. No faltan claro, los molinos, los muchos episodios en que don Quijote terminaba por los suelos. Ya adolescente, me regalarían el volumen ilustrado y muy cuidado, que todavía prefiero a la menos infantil edición de Clásicos Castellanos, cuyos ocho volúmenes son menos traslaticios.El ambular del Quijote lleva consigo la convicción de que hay un mago enemigo que transforma “a la sin par Dulcinea en una aldeana fea y olorosa”, y está detrás de los numerosos percances que sus obsesiones le deparan al pobre don Quijote.

Pero, ¡qué discreción, qué respeto muestra Cervantes por su personaje! En vez de rodearlo de magia y hechizos auxiliares, deponer a su héroe a disposición de tortuosos espíritus malignos hace que, una y otra vez, todos sus tropiezos nazcan de él mismo, de esos deslices de sus nítidas construcciones mentales, del adquirido delirio causado por peligrosas lecturas, deslices, que tanto pasman, fascinan y encabritan a Sancho, y lo llevan a someterse una y otra vez a la voluntad de quien lo arrastra a aventuras del todo ajenas.Se suele aceptar como buena la motivación dada por Cervantes para su Quijote, de desprestigiar las novelas de caballerías. Pero no hay que olvidar la cuna desdichada que su obra tuvo:“Argel, Sevilla, fantasía, desengaño” es decir preso, pobre, enfermo, sin la protección que dedicatorias a altos señores podrían haberle guardado, como José Echeverría singulariza el período de su escritura. La concepción de un personaje que va, libre, por el mundo, fraguando su vivir, aunque de error en error, (donde otro personaje, el Cautivo dice:“jamás me desamparó la esperanza de tener libertad”) debería ser un respiro, aunque al finpara él todo concluya en la verdad innegable: “Y al fin paráis en sombra, en humo, en sueño”, como concluye uno de los sonetos que cierran la primera parte. Pocos personajes han sido, como Quijote, habitados -más que obsedidos- por lo real. Porque aun lo que es astuta malquerencia vestida de supuestas precipitaciones mágicas, tiene detrás acciones de criaturas humanas, que pueden ser malignas y burlonas, pero siempre comprensibles, terrestres y sin inexplicables auxilios divinos.Muchas veces lo que llamamos locura del Quijote, podría ser visto como irrupción de un frenesí poético, no subrayado como tal por Cervantes, un novelista que tuvo a la poesía por su principal respeto.Pero podríamos poner en la boca del por lo general descalabrado personaje, unos versos muy posteriores de Baudelaire: “J’ai gardé la forme et l’essence divine de mes amours décomposés”.Cervantes, como precisa José Miguel Marinas, es “el primer alegorista de la ética moderna” y va sobreviviendo a las menguantes transformaciones de ésta.Mis lecturas del Quijote, con excepción de la primera, dispuesta por lo programado por la enseñanza o, bien pudiera ser, por el paciente tío Pericles, al que recuerdo bien dispuesto a traducirme Goldoni y soportar mis protestas cuando demoraba algún pasaje por surgirle alguna duda lexical o por estar organizando cómo sortear un pasaje considerado “no apto” para mi edad. Pero no me gustaba que se me leyera, cosa a la que me veía reducida porque muchos de los libros de los que podía disponer no estaban en español. Crecí a, no diré la sombra sino la luz de mi abuelo italiano, al que no llegué a conocer, abogado, culto, que había acompañado su viaje al Uruguay desde el Palermo natal con Homero en edición bilingüe grecolatina. Mis primeros embelesos los debí a Ariosto. Más tarde llegaría un Dante ya obligatorio, cuyo humor, para mí inexistente, se reducía al “Pape Satán, Pape Satán, alepe”, además incomprensible. Ya entenderán mi entusiasmo, mi devoción total cuando intimé con aquella pareja española tan tiernamente compatible, entre sí y con una lectora inocente y deseosa de amistades literarias a su alcance, ese Quijote y ese Sancho que hablaban de “otra” manera, que acepté de inmediato, como un lenguaje que me integraba a un mundo en el que, sola, me sentía acompañada, capaz de manejarme en él como si fuese el mío propio.En el Persiles y Sigismunda dirá Periandro: “La salsa de los cuentos es la propiedad del lenguaje en cualquier cosa que se diga”. Todavía me felicito por haberme interesado más que en las aventuras, en el lenguaje en que me eran contadas.Virtud siempre lograda de Cervantes ha sido no echar mano de milagros de los usuales en las novelas que no se privaban de gigantes y monstruos, cuando un argumento descontrolado las requería. Uno de los pasajes de Persiles y Sigismunda trae “una mujer voladora” que aparece bajando del cielo. Pero enseguida se aclara “que era una mujer hermosísima, que habiendo sido arrojada desde lo alto de una torre, le sirvieron de campana y de alas sus mismos vestidos”. “Cosa posible sin ser milagro”.

“Los encantadores pueden quitarme la aventura, pero el entusiasmo y el valor nunca”. Había dejado dicho Garcilaso: “No me podrán quitar el dolorido sentir. Lo que se ha llamado perspectivismo lingüístico alude al hecho de que cada personaje sea visto a través de su lenguaje, por el que está pintado, completado, dentro del acabado empaste que fluye por una obra de pasmosa unidad.Toda la gracia proviene de que el Quijote haga de las suyas “cuando ya no se usan los caballeros andantes”. Radica en ello su razón de ser,el más sutil de los méritos de la obra. Nos reclama la inacabable virtud del libro: exigirnos la fidelidad atemporal a lo que, lector tras lector y época tras época, se ha ido consagrando, como un venerable sostén de la herencia humana.Luego de las primeras lecturas del Quijote, las hubo reiteradas, más difíciles de determinar porque, parciales, se aplicaban, aquí y allá en el texto, con una determinación vagamente Zen o simplemente mágica: la elección del capítulo podía deberse al azar o a un vago recuerdo que podría suponer que allí encontraría una aprovechable aplicación a un tema importante en ese momento para mí, en busca de alguna iluminación necesaria o por recordar con suma precisión la felicidad de primer encuentro con aquellas páginas. No sé por qué atribuí a ese libro la capacidad de precipitar hacia mí la buena voluntad del azar. Quizás simplemente buscaba una ocasión de dicha dispersiva, de claridad sin reserva, cuando el disfrute viene sin proponérselo a veces, acompañado de una sensación de penuria de gracias en la vida diaria y necesidad degusto satisfecho, que depararán siempre las aventuras por lasque ando tan a gusto cuando me reintegro al maravilloso mundo cervantino.Pero considerarlo maravilloso me obliga a hacer distingos. Cervantes, que en la Galatea buscó someterse o simplemente aceptar la novela pastoril –que implicó tantas veces unir realidad e irrealidad o fantasía- se movía con castiza normalidad en lo real. “Ellos fueron santos y pelearon a lo divino y yo soy pecador y peleo a lo humano”dice don Quijote, que tantas veces se acepta perseguido o gobernado por malignos poderes, pero sin nunca encumbrarse ni claudicar.Con todo lo que las afirmaciones de don Quijote, prudente y aun sabio, me reclaman de acatamiento, para terminar debo disculparle una afirmación que como suya, podría ser aceptada sin más “que no hay poeta que no sea arrogante y piense de sí que es el mayor poeta del mundo”.No es mi caso, puedo asegurarlo. Sin duda, don Quijote no imaginó jamás que ese género femenino al que se consideraba por oficio llamado a honrar y defender, pudiera caer en tan osada pretensión. Y en eso, estoy segura que acertó.

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Mensaje de la Sra. Audrey Azoulay, Directora General de la UNESCO, con motivo del Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor
23 de abril de 2019

Los libros son ventanas a nuestra vida interior y abren la puerta al respeto mutuo y el entendimiento entre los pueblos, más allá de las fronteras y las diferencias.

En estos tiempos turbulentos, los libros encarnan la diversidad del ingenio humano, dando cuerpo a la riqueza de la experiencia humana, verbalizando la búsqueda de sentido y de expresión que todos compartimos y que hace avanzar a todas las sociedades.

Los libros contribuyen a unir a la humanidad como una sola familia, compartiendo un pasado, una historia y un patrimonio, para forjar un destino común donde todas las voces sean escuchadas en el gran coro de las aspiraciones humanas. Los libros son nuestros aliados para difundir la educación, la ciencia, la cultura y la información en todo el mundo.

Los libros constituyen también una forma de expresión cultural que vive a través de una lengua en particular y forma parte de ella. Cada publicación se crea en una lengua específica y está destinada a un público de lectores que habla esa lengua. Por lo tanto, cada libro se escribe, produce, intercambia, utiliza y valora dentro de un marco lingüístico y cultural determinado. Este año destacamos este aspecto importante porque 2019 ha sido proclamado Año Internacional de las Lenguas Indígenas, liderado por la UNESCO, para reafirmar el compromiso de la comunidad internacional de ayudar a los pueblos indígenas a preservar sus culturas, conocimientos y derechos.

Este día brinda la oportunidad de reflexionar juntos sobre la mejor manera de difundir la cultura escrita y de permitir que todas las personas, hombres, mujeres y niños, accedan a ella.

Este mismo espíritu de inclusión y diálogo anima a Sharjah (Emiratos Árabes Unidos), designada Capital Mundial del Libro 2019. Esta designación será efectiva en el Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor 2019. Sharjah fue seleccionada en reconocimiento de su programa “Read – you are in Sharjah”, que tiene por objetivo llegar a los grupos marginados proponiéndoles ofertas creativas con el fin de recabar la participación de las poblaciones migrantes y de favorecer la inclusión social, la creatividad y el respeto.

Con Sharjah, nuestros asociados (la Asociación Internacional de Editores, la Federación Internacional de Libreros y la Federación Internacional de Asociaciones de Bibliotecarios y Bibliotecas), y la comunidad internacional en su conjunto, unámonos para celebrar el libro como encarnación de la creatividad y del deseo de compartir ideas y conocimientos y fomentar el entendimiento, el diálogo y la tolerancia. Este es el mensaje de la UNESCO con motivo del Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor.

Fuente: UNESCO

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