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Archive for the ‘Elogios de la lectura’ Category

Leer en el retrete, de Henry Miller, no es un ejercicio de escatología literaria, sino un libro sobre leer. A cualquier hora. En cualquier sitio.

En una de sus páginas se enumeran las cinco razones por las que la gente lee:

  1. para alejarnos de nosotros mismos
  2. para armarnos de peligros reales e imaginarios
  3. para mantenernos al nivel de nuestros vecinos o impresionarlos, que lo mismo
  4. para saber qué está pasando en el mundo
  5. para pasarlo bien, obtener un estímulo que nos permitirá una actividad mayor y más elevada y una existencia más rica

Durante cuatro años enteros, en mis idas y venidas a las oficinas de la Everlasting Portland Cement Co., leí los libros más sesudos. Leía de pie, apretujado entre viajeros como yo. Y durante aquellos viajes en la E1 no me limitaba a leer, llegaba a aprenderme de memoria largos fragmentos de aquellos libros tan, tan sesudos. Como mínimo, fue una práctica valiosa del arte de la concentración. En aquel trabajo solía quedarme hasta bien entrada la noche, a menudo sin haber comido y no porque quisiera aprovechar la hora del almuerzo para leer, sino porque no tenía con qué pagarme la comida. Por la tarde, en cuanto lograba zamparme algo, me largaba con mis amigos. Durante aquellos años, y muchos que vendrían después, no solía dormir más de cuatro o cinco horas por noche. Y sin embargo devoré un montón de lecturas. Además, repito, leí los libros que -al menos, para mí- resultaban más difíciles. No los fáciles. Nunca leía para matar el rato. Casi nunca leía en la cama, salvo que me encontrara mal o me diera por fingir una enfermedad para disfrutar de un corto asueto. Cuando miro hacia atrás me parece que siempre estaba leyendo en posturas incómodas. (Así es, según he descubierto, como escriben la mayoría de escritores y como pintan los pintores.) Pero la lectura lo impregnaba todo. La conclusión, si hace falta subrayarla, es que cuando me daba por leer lo hacía con toda la atención y ponía en el empeño todas mis facultades. Igual que si me daba por jugar.

De vez en cuando me iba por la tarde a leer a alguna biblioteca. Era como ocupar un asiento en el cielo. A menudo, al salir de la biblioteca me preguntaba: “¿Por qué no lo haces con más frecuencia?” La respuesta, claro, era que se me interponía la vida. A menudo hablamos de “la vida” cuando nos queremos referir al placer, o a cualquier distracción ligera.”

 

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Os compartimos las siguientes reflexiones de Gabriela Mistral sobre el lector de poesía, ¡ya queda menos para el 21 de marzo!, Día Mundial de la Poesía.

Al lector profundo de la poesía le interesa vivamente, en razón de su misma profundidad, la historia interna de los poemas; le importa, igual que al pedagogo, el cómo y el cúando de sus versos preferidos. La curiosidad de su amor es grande; ella le calienta los sentido y le da cierta ansiedad.

(…)
El lector de poemas, mucho más que los otros lectores, es ambicioso y exigidor: él querría que el poeta le entregase sólo esos períodos, que sólo le pusiese en la mano este material incandescente y sin escoria alguna. Pero la exigencia es temeraria: el mejor poeta no puede dar sino de tarde en tarde aquella materia ígnea. Hijo de la tierra, al igual de su madre, él produce en turnos o en puñado confuso el fuego envuelto en humo grueso dando el poema en un feo tizón que sólo se pone lindo hacia la punta de brasa.
De tal manera la poesía es en la idea de todos una industria de calidad, que este leño de muñón negro y cabo llameante, nos irrita al decepcionarnos porque la queríamos como el Adán, sin la caída.
Mistral, Gabriela, Prólogo, en Versos sencillos, editorial Colección Sur, La Habana, 2015.

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Fuente: Akantilado

Texto completo en WMagazín 23 septiembre de 2017.

Las lágrimas de Isaac. De cómo la lectura inventa la realidad

(…) La elaboración de un sistema coherente e integral de escritura ocurre dos milenios después, en algún lugar de Mesopotamia. (…) Con estos pocos y discretos trazos, aquel anónimo genio eliminó de golpe los dos más grandes obstáculos a los cuales todo ser humano se enfrenta, el tiempo y el espacio, y nos legó a nosotros, sus afortunados descendientes, una extensión casi ilimitada del poder de la memoria. La invención de la escritura nos concedió una suerte de modesta inmortalidad.

(más…)

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Juan Luis Lorda Iñarra profesor de Teología Dogmática y Antropología Teológica en la Universidad de Navarra publicó el 24/9/15 en Troa un artículo sobre los beneficios de la lectura, aquí dejamos un pequeño extracto del artículo que se puede leer completo en el siguiente enlace.

Desde hace años conservo una mala fotocopia de una magnífica fotografía de National Geographic. En ella aparecen las recias estanterías de madera de un monasterio tibetano sobre las que descansan unos curiosos paquetes que son escrituras budistas con fundas de tela para preservarlas del polvo. Los estantes no llegan hasta el suelo sino que comienzan a una distancia aproximada de un metro. La foto a doble página lleva este simpático comentario: “Con la esperanza de absorber la sabiduría de las escrituras budistas, sin leerlas, los peregrinos siguen la tradición de gatear bajo el montón de textos sagrados en el monasterio de Pelkor Chode en Gyangzé”. Y, efectivamente, entre los pilares de la estantería y en penumbra, se ve una hilera de personas que pasa agachada bajo los estantes, con los ojos muy abiertos como es propio de quien participa en una experiencia excitante.

La idea de “absorber la sabiduría de los textos sin leerlos” me pareció fascinante y me recordó al gran escritor argentino Jorge Luis Borges, tan amante de lecturas y de libros, y de sacar partido a imágenes y situaciones inverosímiles. Hubiera disfrutado mucho con la escena.

Hay actividades mucho más fáciles que leer. Y muchas otras pueden parecer, de entrada, más placenteras o atractivas; y, desde luego, menos esforzadas. La lectura tiene muchos competidores para los no iniciados y, en nuestros días, más por el aumento avasallador de las conexiones informáticas, que ha multiplicado los contactos, los juegos y las imágenes en circulación; beneficio cultural que también tiene sus costos. Leer es una actividad personal y solitaria que se ha vuelto un poco más difícil y un poco más solitaria. Los que caminaban bajos los libros tenían algo de razón. La sabiduría no se logra solo con la lectura, porque es necesaria mucha experiencia y meditación personal; y la vida no es solo leer. Pero hay un provecho importante que sólo se puede lograr leyendo.

(…)

Los beneficios de la lectura

La lectura aporta por lo menos cinco enormes beneficios intelectuales, que merece la pena detallar.

1. En primer lugar, aumenta la capacidad de pensar y razonar, porque aumenta el vocabulario y las imágenes y ejemplos que puede manejar la inteligencia. (…)

2. Además, la lectura da acceso a la información escrita, que es la más profunda y detallada, en la prensa, en las revistas o en Internet (que generalmente no es lo más profundo, a no ser que se sepa dónde buscar). (…)

3. Aumenta la experiencia de la vida, con la experiencia de otros. (…)

4. Nos facilita el contacto personal con lo que más saben y con lo que mejor han pensado. (…)

5. Acompaña en la vida y proporciona evasión y disfrute. (…)

 

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En la página de Letras libres, el 6 de junio se publicó un artículo titulado “Contra la arrogancia de los que leen” firmado por Cristian Vázquez. En él, se plantea la disyuntiva de si un lector es arrogante o modesto por su condición de persona leída.

En este blog, nos ha gustado mucho este doble enfoque ya que nos ha suscitado más preguntas que respuestas.

  • Sobre las preguntas que nos han surgido destacamos ¿el arrogante/modesto lo es por ser lector o por ser ese tipo de persona? ¿Por qué a los lectores nos gusta compartir nuestras lecturas, nuestros conocimientos? ¿Preferimos callarnos para evitar críticas? ¿Nos gusta escuchar las opiniones de otros? ¿Nos molesta escuchar las valoraciones del que tenemos enfrente? ¿Por esta razón muchas personas se inventan haber leído ciertos libros, que se pueden considerar clásicos? ¿Por qué evitamos comentar que leemos ciertas lecturas fáciles, por miedo a que nos cosifiquen? ¿Existe el postureo entre los que leemos?
  • Sobre la respuesta, es una y contundente: contra la arrogancia (sin añadidos). Leemos por placer, porque nos gusta compartir la lectura para descubrir nuevos libros, por la aventura del saber.

Esperamos vuestras aportaciones, estaremos encantadas de que contribuyáis a canalizar el debate planteado, ya sabéis que el blog es de todos.

Fuente: Letras libres

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Desde 1967, el 2 de abril, la Organización Internacional para el Libro Juvenil (IBBY) celebra el Día Internacional del Libro Infantil coincidiendo con la fecha del nacimiento del escritor danés Hans Christian Andersen. El fin es promocionar los buenos libros infantiles y juveniles y la lectura entre los más jóvenes y para llamar la atención de la comunidad internacional sobre la literatura infantil y juvenil.

La sección rusa de IBBY ha sido la encargada de realizar este año el cartel  de esta gran fiesta:

En mi más tierna infancia me gustaba construir casitas con bloques y todo tipo de juguetes, solía usar como tejado libros infantiles ilustrados; en sueños, subía hasta el interior la casa, me acostaba en la cama hecha con cajas de cerillas y contemplaba las nubes o el cielo estrellado, todo dependía de la imagen que más me gustase.

Instintivamente, seguí la ley de vida de todo niño que busca inventarse un ambiente cómodo y seguro, para conseguirlo, un libro infantil fue de auténtica ayuda.

Después me hice mayor y aprendí a leer, (más…)

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