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Archive for the ‘Elogios de la lectura’ Category

Photo: Ståle Grut

Aquí os dejamos una traducción de parte del artículo de The Guardian a Neil Gaiman sobre por qué cree él que nuestro futuro depende de las bibliotecas, la lectura y el soñar despiertos.

Para algunas personas es importante que se les diga en qué lado están y por qué, y si pueden ser o no imparciales.  (…). Por lo tanto, os voy a hablar sobre la lectura. Voy a deciros por qué las bibliotecas son importantes. Voy a sugeriros que la lectura de ficción, que la lectura por placer, es una de las cosas más importantes que uno puede hacer. Voy a hacer una apasionada súplica para que la gente entienda lo que las bibliotecas y los bibliotecarios son, y para preservar ambas cosas.

Y yo estoy obvia y enormemente predispuesto: soy un autor, a menudo un autor de ficción. Escribo para niños y para adultos. Durante unos 30 años he estado ganándome la vida a través de mis palabras, sobre todo al inventarlas y escribirlas. Es evidente mi interés en que las personas lean, de que lean ficción, de que existan las bibliotecas y los bibliotecarios y ayuden a fomentar el amor por la lectura y los lugares en los que la lectura pueda tener lugar.

Así que no soy imparcial como un escritor. Pero soy mucho, mucho más imparcial como lector. Y estoy aún más predispuesto como ciudadano británico.

(…)

La ficción tiene dos usos. En primer lugar, se trata de una droga de entrada a la lectura. El deseo por conocer qué sucede a continuación, el querer pasar de página, la necesidad de continuar, incluso si es difícil, porque alguien está en problemas y tienes que saber cómo va a acabar … que es un deseo muy real. Y te obliga a aprender nuevas palabras, a pensar nuevas ideas, a seguir adelante. Para descubrir que la lectura por sí misma es agradable. Una vez que aprendes eso, estás en el camino para leer de todo. Y la lectura es la clave. Hubo algún comentario, hace unos años, sobre la idea de que estábamos viviendo en un mundo post-literario, en el que la capacidad de dar sentido a las palabras escritas era de alguna manera redundante, pero esos días se han ido: las palabras son más importantes de lo que nunca han sido: navegamos el mundo con palabras, y el mundo se desliza por la web, necesitamos estar al tanto, para comunicarnos y comprender lo que estamos leyendo. Las personas que no pueden entenderse entre sí no pueden intercambiar ideas, no pueden comunicarse, y los programas de traducción no llegan a tanto.

La forma más sencilla de asegurarse de que educamos niños alfabetizados es enseñándoles a leer, y mostrándoles que la lectura es una actividad placentera. Y eso significa, en su forma más simple, buscarles los libros que disfruten, dándoles acceso a esos libros, y permitirles que los lean.

No creo que exista tal cosa como un mal libro para niños. De vez en cuando se pone de moda entre algunos adultos señalar a una subcategoría de los libros para niños, o a un género, o tal vez a un autor, y declararlos malos libros, libros que los niños deberían dejar de leer. Lo he visto pasar una y otra vez; Enid Blyton fue declarada una mala autora, igual que RL Stine, así como a otra docena más. Los cómics han sido acusados de fomentar el analfabetismo.

Son chorradas. Es esnobismo y es estupidez. No hay autores malos para los niños, que los niños lean y busquen lo que quieran y como quieran, porque cada niño es diferente. Pueden encontrar las historias que necesitan, y llevarse las historias. Una idea trillada y desgastada, no lo es para ellos. Será la primera vez que el niño la encuentre. No hay que disuadir a los niños de la lectura porque sientas que están leyendo lo que no deberían. Ficción que a ti no te gusta es un camino a otros libros que quizás prefieras.  Y no todos tienen el mismo gusto que tú.

Adultos bien intencionados pueden destruir fácilmente el amor de un niño por la lectura: deteniéndolos de leer lo que les gusta, o dándoles libros dignos pero aburridos que te gustan, el equivalente en el siglo 21 al victoriano “mejorando” la literatura. Que terminará con una generación convencida de que la lectura ha pasado de moda y peor, desagradable.

Necesitamos que nuestros hijos entren en la lectura poco a poco: cualquier cosa que disfruten leyendo les hará acercarse, paso a paso, en la alfabetización.(…)

Y la segunda cosa que la ficción hace es construir empatía. Cuando ves la televisión o una película, estás observando las cosas que les ocurren a otras personas. La prosa de la ficción es algo que se construye a partir de 26 letras y un puñado de signos de puntuación, y tú, y sólo tú, utilizando tú imaginación, creas un mundo y los personajes y los vislumbras a través de otros ojos. Tienes la oportunidad de sentir las cosas, visitar lugares y mundos que nunca conocerías de otro modo. Aprendes que todo el mundo ahí fuera es un yo, también. Estás siendo otra persona, y cuando regresas a tu propio mundo, vas a estar ligeramente cambiado.

La empatía es una herramienta para incorporar la gente en grupos, que nos permite funcionar mejor que como individuos auto-obsesionados.

También estás descubriendo a medida que lees algo de vital importancia para crear tu camino en el mundo. Y es lo siguiente: El mundo no tiene por qué ser así. Las cosas pueden ser diferentes.

(…)

La ficción puede mostrarte un mundo diferente. Puede llevarte a lugares donde nunca has estado. Una vez que has visitado otros mundo, como aquellos que comieron la fruta de las hadas, nunca estarás totalmente contento con el mundo en el que creciste. La insatisfacción es una cosa buena: personas descontentas pueden modificar y mejorar sus mundos, dejarlos mejor, dejarlos diferentes.

Gaiman, N. (15 de octubre de 2013). Neil Gaiman: Why our future depends on libraries, reading and daydreaming. The Guardian. Recuperado de https://www.theguardian.com/books/2013/oct/15/neil-gaiman-future-libraries-reading-daydreaming

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Biblioteca Central de la  Universidad de Navarra
Autor: Marcos del Pozo Fernández

LA BIBLIOTECA

El aire es allí diferente,

está erizado todo por una corriente

que no viene de este o aquel texto,

sino que los enlaza a todos

como un círculo mágico.

El silencio es allí diferente.

Todo el amor reunido, todo el miedo reunido,

todo el pensar reunido. Casi toda la muerte,

casi toda la vida y, además, todo el sueño

que pudo despejarse del árbol de la noche.

Y el sonido es allí diferente.

Hay que aprender a oírlo

como se oye una música sin ningún instrumento.

Algo que se desliza entre las hojas,

las imágenes, la escritura y el blanco.

Pero más allá de la memoria y los signos que la imitan,

más allá de  los fantasmas y los ángeles que copian la memoria

y desdibujan los contornos del tiempo,

que además carece de dibujo,

la biblioteca es el lugar que espera.

Tal vez sea la espera de todos los hombres,

porque también los hombres son allí diferentes.

O tal vez sea la espera de que todo lo escrito

vuelva nuevamente a escribirse;

pero, de alguna otra forma, en algún otro mundo,

por alguien parecido a los hombres

cuando los hombres ya no existan.

O tal vez sea tan solo la espera

de que todos los libros se abran de repente,

como una metafísica consigna,

para que se haga de golpe la suma de toda la lectura;

ese encuentro mayor que quizá salve al hombre.

Pero, sobre todo, la biblioteca es una espera

que va más allá de letra,

más allá del abismo,

la espera concentrada de acabar con la espera,

de ser más que la espera,

de ser más que los libros,

de ser más que la muerte.

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Fuente: SARAMAGO, J. Os poemas possíveis. Alfragide: Caminho, 1997.

Tome-se um poeta não cansadoc / Uma nuvem de sonho e uma flor, / Três gotas de tristeza, um tom dourado, / Uma veia sangrando de pavor.
Quando a massa já ferve e se retorce / Deita-se a luz dum corpo de mulher, / Duma pitada de morte se reforce, / Que um amor de poeta assim requer.

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Tómese un poeta no cansado, / Una nube de sueño y una flor, / Tres gotas de tristeza, un tono dorado, / Una vena sangrando de pavor.
Cuando la masa ya hierve y se retuerce / Se echa la luz de un cuerpo de mujer, / Una pizca de muerte que refuerce, / Que un amor de poeta así lo quiere.

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“Leo para aprender cosas nuevas,

leo buscando ideas e inspiración,

leo por placer y felicidad

pero sobre todo leo para escapar del mundo real”.

Fuente

Esta viñeta forma parte del libro Book Love de Debbie Tung

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Amaba el libro, pero el libro espontáneamente elegido. Ella entendía que el vicio o la virtud de leer dependían del primer libro. Aquel que llegaba a interesarse por un libro se convertía inevitablemente en esclavo de la lectura. Un libro te remitía a otro libro, un autor a otro autor, porque, en contra de lo que solía decirse, los libros nunca te resolvían problemas sino que te los creaban, de modo que la curiosidad del lector siempre quedaba insatisfecha. Y, al apelar a otros títulos, iniciabas una cadena que ya no podía concluir sino con la muerte. Sentía avidez por la letra impresa. Y me la contagió. Fue ella la que me aproximó a los libros, a ciertos libros y a ciertos autores. En realidad, me abrió las puertas de ese mundo.

Señora de rojo sobre fondo gris. Miguel Delibes

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Doodle de Google

El pasado 4 de febrero, Miguel Ángel Hernández publicó una columna titulada Un niño gordo que solo quería leer que nos ha parecido un GRAN elogio a la lectura y nos ha llevado directos a nuestra niñez, dónde la Fantasía vagaba libremente por nuestra imaginación.

Os dejamos aquí un extracto, podéis leerlo completo en El País.

QUERIDO BALTIAN BALTASAR BUX: Han pasado casi 30 años desde que leí por primera vez La historia interminable, pero todavía hoy soy capaz de evocar la agitación y el estremecimiento que sentí al llegar a casa y adentrarme en sus páginas, escondido bajo la colcha del sofá del salón. Yo también tenía 10 años, era un niño gordo que sólo quería leer, huía de algo —aunque en ese momento aún no tuviera claro exactamente de qué— y quería escapar hacia el mundo de los libros. Por eso entré sin dudarlo en la tienda del señor Koreander, robé contigo aquel libro de color cobre y páginas escritas en rojo y verde, y estuve a tu lado en el desván del colegio mientras te sumergías en el universo de Fantasía.

Yo fui tú, querido Bastian. Pero tú también fuiste yo. […]

Una última cosa: cuando leí con 10 años La historia interminable, todavía no sabía que los libros los escribían las personas. Lo único que me importaba era lo que había entre las páginas: las aventuras, las historias, los personajes. Tal vez por eso esta carta es para ti y no para Michael Ende. Porque en aquel momento tú eras lo único importante para mí. Bastian Baltasar Bux, no el autor que te había creado. El personaje, no el escritor. No podía imaginar en aquel entonces que, mucho tiempo después, yo llegaría a escribir algún libro y tendría la oportunidad de conocer el otro lado de Fantasía. Pero ésa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.

Hernández, M.A. (4 de febrero de 2019). Un niño gordo que solo quería leer. El País. Recuperado de https://elpais.com/elpais/2019/02/04/eps/1549283143_583293.html

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Il. Quino

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